ASQUIFYDE

En mayo de 2005, con ocasión del 12 de mayo, Día Internacional de la Fibromialgia, del Síndrome de Fatiga Crónica y del Síndrome de Sensibilidad Química, se hizo público un manifiesto titulado Hagamos visible lo invisible, que iba dirigido al Ministerio de Sanidad. Han pasado casi tres años y siguen existiendo infinitas carencias en el ámbito de la Fibromialgia y del Síndrome de Fatiga Crónica, a pesar de ser enfermedades reconocidas en el marco del INSS y de haberse dado unos primeros pasos (intentos de tratamiento médico, algunas investigaciones, fuerte presencia asociacional, logro de unos compromisos básicos en Cataluña gracias a la presión de una Iniciativa Legislativa Popular firmada por más de 140.000 ciudadanos, …). Aún queda mucho camino por hacer. Los pacientes de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica (en su mayoría mujeres), siguen siendo tratados en muchas consultas como enfermos psiquiátricos, y en ocasiones, aún hoy, se les acusa de estar fingiendo. (VER EL MANIFIESTO)

Avances médicos con intereses ocultos. Nuevo analgésico

Un reportaje sobre el dolor muestra la eficacia de ciertas campañas de la industria farmacéutica para promover sus productos. La ocultación de las fuentes induce a engaño

 

MILAGROS PÉREZ OLIVA

 

Con frecuencia llegan a las redacciones estudios y datos aparentemente rigurosos y fiables que, sin embargo, pueden inducir a engaño a los lectores o esconder intereses publicitarios o comerciales. Descubrirlos y evitarlos es un deber del periodismo riguroso. Quienes, siendo médicos o pacientes, han de lidiar con el dolor crónico, debieron sentir un gran alivio al leer que “en el último Congreso Europeo del Dolor, celebrado en Lisboa, se presentó tapentadol (…), el primer analgésico que aparece en 25 años de una nueva generación que marcará un antes y un después”, y que “los expertos aseguraron en Lisboa que se inicia una nueva era en el manejo difícil del dolor agudo y crónico”. Lo afirmaba Mayka Sánchez, colaboradora de EL PAÍS para temas de salud, en el reportaje “El dolor como quinto signo vital”, publicado el 22 de diciembre en Sociedad. En el mismo se describía una situación lamentable: “A pesar de que nueve millones de españoles sufren dolor crónico, sólo el 10% de los facultativos de atención primaria emplean escalas de medición para su mejor abordaje terapéutico, un problema que provoca que hasta en la mitad de los casos, ese dolor pueda llegar a ser un síntoma mal tratado”. La conclusión era clara: la mayoría de los médicos no actúan correctamente y la mayoría de los pacientes están mal tratados. Para paliar esa situación había surgido la Plataforma sin Dolor, una iniciativa cuyo objetivo era “sensibilizar” a los médicos y a la sociedad de que “con los avances de la medicina, el dolor puede y debe controlarse”.

 

Varios médicos llamaron a la Defensora para quejarse de que se diera tan mala imagen de su trabajo sin citar el origen de la estadística. Pero uno de ellos, Enrique Gavilán, de Plasencia, observó algo más: “He estado buscando en la principal base de datos de estudios científicos, la librería PubMed de Estados Unidos, he analizado los estudios que se han publicado sobre este nuevo medicamento y, créame, los resultados muestran que no es muy superior al placebo y en todo caso es muy similar en cuanto a eficacia respecto de otros de los que hay mucha más experiencia clínica y cuyo precio, sospecho, será muy inferior”. En su escrito a la Defensora pide que investigue si se trata de un caso de publicidad encubierta y conflicto de intereses.

 

Mayka Sánchez aclara que los datos están extraídos de la Guía de Buena Práctica Clínica en Dolor y que su valoración del tapentadol se basa en las declaraciones que hizo Anthony Dickenson, uno de los especialistas que ha participado en los ensayos clínicos, en el congreso de la Asociación Europa para el Estudio del Dolor, celebrado en Lisboa, al que ella asistió. El fármaco, dice, está avalado por “177 artículos, publicados en revistas y congresos internacionales”, todos ellos dotados de “un comité editorial y científico que vela por la veracidad, objetividad y calidad de los trabajos presentados”.Para Mayka Sánchez, la sospecha de publicidad encubierta a la que se refiere el doctor Gavilán “es una opinión muy subjetiva y sin base en el texto publicado”, ya que, dice, se limita a hablar de una de las moléculas presentadas en Lisboa, sin mencionar su nombre comercial. A la Defensora, esta explicación no le parece suficiente. Todos los estudios sobre nuevos fármacos, incluidos los que cita Mayka Sánchez sobre el tapentadol, están financiados por los laboratorios productores y a veces también los congresos en los que se presentan. Sobre los sesgos en la investigación clínica y la publicación de sus resultados existe una amplia literatura científica. La labor de un periodista es verificar la información y evitar los sesgos de parte que pueda contener.

 

¿Estaba justificado presentar este fármaco como un medicamento que marca “un antes y un después” o “una nueva era” en el tratamiento del dolor? Para aclararlo he consultado a los catedráticos Xavier Carner, presidente del Comité de Evaluación de Medicamentos de la Agencia Española del Medicamento, y a Rafael Maldonado, investigador de la Universidad Pompeu Fabra que trabaja para los Institutos Nacionales de Salud de EE UU. Ninguno de los dos considera que el fármaco sea una gran novedad. Ni siquiera el laboratorio que lo produce va tan lejos como Mayka Sánchez. En la nota de prensa con que lo presentó en junio afirma que “muestra una eficacia comparable a los opioides clásicos” aunque ofrece “un perfil de tolerabilidad más favorable”. Y tampoco es una novedad: tiene el mismo mecanismo de acción que el tramadol, del mismo laboratorio.

 

 

 

 

Pero no hay sólo un problema de exageración. La forma en que se presenta la información justifica las sospechas del doctor Gavilán, pues se disimula que todo el contenido procede de una única fuente, y se omite revelar que esa fuente es, en última instancia, el laboratorio productor del fármaco. Cita a la Fundación Grünenthal como impulsora de la Plataforma sin Dolor, pero no aclara que ésta pertenece al laboratorio Grünenthal Pharma, especializado en terapias analgésicas, que es quien financia la plataforma y la campaña de medición del dolor. El reportaje tampoco aclara que el fármaco que presenta como revolucionario pertenece a ese laboratorio. Sólo los lectores que ya conozcan a ese laboratorio pueden adivinar la relación.

 

La información sigue peligrosamente el esquema de las nuevas estrategias que la industria farmacéutica emplea para promover la prescripción de sus fármacos, una vez erradicados los escandalosos incentivos con que premiaban a los médicos. De hecho, los médicos no son ya el único objetivo de los departamentos de mercadotecnia de los laboratorios. Ahora tratan de influir sobre la prescripción a través de los propios pacientes. Esa estrategia consiste en hacer emerger (a veces incluso crear) un problema de salud, movilizando a especialistas de prestigio y si es posible, pacientes, con el objetivo de “sensibilizar” sobre el problema para el cual tienen la solución.

 

Dada la suspicacia con que es recibida la información procedente de la industria, ésta se ha visto obligada a buscar formas indirectas y de mayor autoridad para vehicular su actividad. Para ello han creado fundaciones y plataformas teóricamente independientes y sin ánimo de lucro, integradas por académicos y especialistas, pero financiadas por la propia industria.

 

Todo ello está presente en este caso. El reportaje comienza describiendo el grave problema del dolor, basado en estudios financiados por la industria; presenta a continuación a la plataforma que va a luchar contra esta lacra, sin decir que está promovida y financiada por el laboratorio, y acaba informando de un fármaco que presenta como revolucionario, sin decir que es del mismo laboratorio. Para mayor abundamiento, el titular del reportaje coincide con el eslogan central de la campaña financiada por Grünenthal. Y ni siquiera es una información novedosa, pues la propia Mayka Sánchez había publicado tres meses antes el mismo tema en El País Semanal. Lo único nuevo era la referencia al fármaco. El reportaje cita el congreso de Lisboa pero no menciona que Mayka Sánchez viajo a la capital lusa invitada por el laboratorio. El Libro de Estilo de EL PAÍS establece al respecto: “El periódico, como norma general, no acepta invitaciones para elaborar informaciones. Las excepciones habrán de autorizarse expresamente por la Dirección. En las informaciones hechas tras aceptar una invitación, se hará constar que el viaje ha sido patrocinado”.

 

Sobre todo ello, la subdirectora responsable de Sociedad, Berna González Harbour, afirma: “El periódico es cada día el objetivo de una ingente marea de informes y estudios, muchos de ellos de parte, cargados de conclusiones a primera vista interesantes pero que pierden su legitimidad en cuanto se comprueba el interés de su propio promotor. Nuestra tarea es analizar, distinguir y someter todo ello al máximo escrutinio, y filtrar y publicar sólo aquello que está verdaderamente contrastado y que es de interés objetivo para nuestros lectores. Los controles no han funcionado en este caso y pedimos disculpas. Ese artículo es un ejemplo de lo que no debemos hacer”.

 

 

 

Fuente: EL PAIS.COM

RESPUESTA DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS ANTE EL SSQM

En la entrevista que tuvo lugar el pasado día 15 en el programa Carne Cruda de Radio 3, oimos al Secretario General de Sanidad pedir la participación de las Comunidades Autónomas ante el SSQM. 

 

Sin embargo, ya existen gestiones realizadas ante el parlamento catalán y la Generalitat Valenciana, sin ningún resultado.  

 

Copia de la sesión en la que se debatió el SSQM en el Parlamento catalán:

 

 

EL SSQM en el Parlamento Catalán.pdf

 

Respuesta de la Generalitat Valenciana a las peticiones realizadas por CAVECOVA en relación con la FM, SFC y SSQM:

 

Respuesta Consellería Sanidad a petición reconocimiento SSQM.pdf

 

Estos documentos son sólo algunas demostraciones de las muchas iniciativas realizadas por enfermos y asociaciones, sin respuesta alguna por parte de la administración hasta ahora.

CARNE CRUDA CONSIQUE QUE EL MINISTERIO DE SANIDAD SE COMPROMETA A RECIBIR A LAS ASOCIACIONES DE SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE EN UN PLAZO DE 10 A 20 DÍAS para trabajar con las reivindicaciones del colectivo

Tal y como os anunciamos el pasado martes, hoy en el programa de Radio 3 “Carne Cruda” ha tenido lugar un programa especial dedicado a la Sensibilidad Química Múltiple con la intervención de José Martínez Olmos, Secretario General de Sanidad, para hacerle partícipe de la situación que vivimos los enfermos de SQM en España. 

 

El programa, dirigido y presentado por Javier Gallego, ha contado con la participación de Miguel Jara, periodista y autor de varios libros, entre ellos el recientemente publicado “La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo”, el Dr. Pablo Arnold Llamosas, inmunólogo y el especialista en España que más años lleva trabajando con la Sensibilidad Química Múltiple, David Palma, marido de Eva Caballé, afectada de SQM en grado severo, autora del blog No Fun y del libro “Desaparecida. Una vida rota por la Sensibilidad Química Múltiple”, cuyo epílogo ha escrito David, y José Luís Aparicio, afectado de SQM que actualmente está luchando en los tribunales para el reconocimiento de su incapacidad.

 

 

 

José Martínez Olmos, Secretario General de Sanidad, se ha comprometido públicamente a recibir a las asociaciones de Sensibilidad Química Múltiple en un plazo de 10 a 20 días para trabajar con las reivindicaciones del colectivo. David y yo vamos a seguir muy de cerca el tema y vamos a informar puntualmente al  (…)

 

 

Sigue en: NO FUN

EE UU amplía la lista de sustancias contaminantes de uso cotidiano

300 componentes tóxicos se acumulan en la sangre humana, según el CDC

 

Mónica L. Ferrado.

 

 

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos han ampliado la lista de las sustancias de uso cotidiano que preocupan por su efecto contaminante sobre la población para incorporar 75 nuevos elementos. De esta forma ya son cerca de 300 los compuestos químicos bajo vigilancia por encontrarse presentes en los cuerpos de los ciudadanos procedentes de envases de productos alimenticios o mobiliario de oficina.

 

 

El bisfenol, un aditivo del plástico, está ya en el 90% de la población


Todavía no existe un posicionamiento claro sobre los efectos nocivos de algunos compuestos químicos de los que ya forman parte de la vida cotidiana, como el bisfenol-A, que se encuentra en muchos plásticos, o los retardantes de la llama que utilizan muchos tejidos. Son dos de los 75 compuestos recién incorporados al informe nacional sobre exposición humana a productos químicos, que desde 1999 lleva realizando el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) y cumple su cuarta edición. Empezó con 212 productos químicos. Ahora ya se analizan casi 300.

 

 

 

 

Para realizar el estudio se han recogido muestras de orina y sangre de más de 2.500 estadounidenses repartidos por todo el país, de diferentes sexos y edades. El objetivo es determinar qué productos químicos logran penetrar en el cuerpo de los ciudadanos y en qué niveles. El informe destaca el bisfenol-A o BPA, ya que se encuentra en la orina del 90% de la población. Este producto se utiliza como componente de plásticos de uso común, muchos de uso alimentario, porque los hace más resistentes. Por ejemplo, forma parte del recubrimiento interior de algunas latas y de papeles para guardar alimentos. También se encuentra en cartuchos de impresoras, gafas e incluso en algunos biberones y chupetes.

 

En Canadá y en California hay un intenso debate para prohibir el uso del BPA, ya que algunos estudios apuntan a que ejerce efectos nocivos. En ratas y ratones se ha demostrado que interfiere en el ciclo hormonal natural, incluso con niveles muy bajos de exposición. El BPA puede actuar como disruptor endocrino, perturbar hormonas del desarrollo, estimular la pubertad precoz, afectar a la fertilidad, aumentar el número de adipocitos (células de grasa), inducir alteraciones precancerosas en las células e incluso favorecer la aparición de problemas de conducta. En el resto de EE UU también se ha debatido sobre la prohibición de este compuesto. En Europa “aún se considera que no hay suficientes conocimientos sobre sus efectos tóxicos”, afirma Miquel Porta, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Autónoma de Barcelona y autor del único estudio de este tipo realizado en España, en Cataluña, inspirado en el modelo norteamericano.

 

El informe también revela que por las venas de casi todos los estadounidenses corre otro grupo de químicos presentes en la mayoría de hogares: los retardantes de la llama. Se utilizan en productos potencialmente inflamables, como tapicerías de sofás o colchones, tejidos para cortinas, en el salpicadero de algunos coches y en la carcasa de ordenadores. El BDE-47 es el retardante con mayor presencia en las muestras recogidas. Se acumula en el tejido graso de los seres humanos y se sospecha que actúan como disruptores endocrinos.

 

El informe también ha analizado por primera vez la presencia en sangre de mercurio, centrándose en bebés y en mujeres en edad reproductiva, entre 16 y 49 años. En la mayoría, el mercurio se encuentra presente, aunque en niveles diversos.

 

Otro metal, un tóxico que se puede considerar como un viejo conocido, el plomo, trae buenas noticias porque sus niveles han bajado. Según los datos recogidos entre 1976 y 1980, el 88% de los niños estadounidenses entre uno y cinco años presentaban niveles inaceptables de plomo en sangre, más de 10 microgramos por decilitro de sangre. Actualmente, el porcentaje de niños con niveles preocupantes de plomo en sangre se ha reducido hasta un 1,4%. La dieta, los alimentos y el agua son la principal fuente por la cual el plomo llega a los seres humanos. El estudio observa que se trata de poblaciones más desfavorecidas y que, por lo tanto, existe un claro gradiente social en cuanto a la exposición a este metal. Porta indica que la disminución también se debe a una menor presencia en el aire, sobre todo a raíz de la introducción de la gasolina sin plomo.

 

En el mundo, sólo Estados Unidos y Alemania realizan estudios de biomonitorización tan exhaustivos, explica Porta. En España, el informe hecho en Cataluña se basó en muestras de sangre y orina de 919 personas. Según sus resultados, todas las personas están contaminadas por al menos tres de los 19 compuestos analizados. Uno de los datos que llaman la atención es que los niveles de DDT (un pesticida que se prohibió en los años setenta) en Cataluña son superiores a los de EE UU. “En España se prohibió en 1977, y 30 años después todavía los encontramos en la sangre de la población, lo que demuestra que todavía está presente en la cadena alimentaria, sobre todo a través de los piensos que consumen los animales. El problema es que el organismo humano no lo excreta”, explica Porta.

 

  Fuente: EL PAÍS

MARIA NEIRA: SALUD DEL PLANETA, SALUD DE LOS CIUDADANOS

Ofrecemos parte del texto traducido automáticamente y adaptado por Asquifyde.

 

En Copenhague, la Organización Mundial de la Salud (OMS) esbozó una propuesta adicional, para pasar a hablar de “verdades incómodas” a “verdades convenientes”.  El ex vicepresidente de EE.UU. Al Gore rindió un gran servicio al describir la incómoda verdad que plantean las decisiones a tomar en políticas de energía que podrían suponer una amenaza para el planeta. En los últimos 20 años, la OMS también ha reunido e informado sobre la evidencia de que el cambio climático pone en peligro la salud. De hecho, en 1992 la Convención Marco se basó en este tipo de advertencias, con el objetivo de evitar los “efectos adversos” sobre la salud humana y el bienestar, en el medio ambiente natural, y en las economías.

 

Pero creemos que ha llegado el momento de enviar mensajes más positivos. La transición que debemos hacer para enfrentar el cambio climático no debe ser vista como un coste económico doloroso, sino como una inversión valiosa a una forma más sostenible, más justa y más saludable para el futuro.

 

 

 

Desde la perspectiva de la salud, observamos una serie de aspectos positivos. El primero es que las políticas para mitigar el cambio climático pueden llevarse a cabo a través de los mecanismos existentes para la protección de la salud y el bienestar. El mes pasado, la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU., determinó que el dióxido de carbono y otras emisiones de gases de efecto invernadero ponen en peligro la salud humana, y por lo tanto puede ser regulado de la misma manera que los contaminantes convencionales. El vínculo entre el cambio climático y la salud, y las leyes vigentes de protección de la salud, han pasado a ser la piedra angular que servirá de base para la regulación  de los gases de efecto invernadero en todos los países.

 

La segunda es que, a corto y medio plazo, podemos proteger a las personas del cambio climático, y de esta forma aportar mejoras inmediatas  en la salud. (…)

 

En tercer lugar, y quizás lo más importante, es que muchos de los cambios que tenemos que hacer para abordar el cambio climático podría traer grandes beneficios para la salud pública. Una serie de estudios, con el apoyo de la OMS y publicado en The Lancet a finales de 2009, ha cuantificado algunos de los beneficios directos en salud que podrían provenir de unas fuentes de energía más sostenibles, del transporte y de los sistemas agrícolas. (…)

 

Por lo tanto,  los objetivos a seguir después de Copenhague son los de apoyar las políticas más eficaces. (…)

 

(…) los valores que deben guiar nuestra respuesta al cambio climático son los mismos que los que guían nuestro trabajo en salud pública; la unidad de acción para obtener una mayor calidad de vida, proteger a los más débiles, y mejorar la equidad. (…)

 

 

Fuente: CLIMATE

En invierno aumenta la proporción de partículas en suspensión, que agravan las enfermedades respiratorias

Los enfermos respiratorios crónicos y cardiovasculares principales grupos de riesgo

 

En invierno aumenta la proporción de partículas en suspensión, que agravan las enfermedades respiratorias.

 

Las partículas en suspensión penetran por las vías respiratorias y se acumulan en el sistema respiratorio.

 

Según la OMS (2006) 2 millones de personas mueren cada año por culpa de la contaminación del aire.

 

En España, 16 millones de personas respiran aire contaminado según los limites establecidos por la Comisión Europea

 

Según los expertos reunidos en la VII Reunión de Invierno Conjunta de las Áreas SEPAR, celebrada en Palma de Mallorca ayer, la contaminación atmosférica es una de los mayores problemas de salud a nivel local y mundial de la actualidad ya que favorece la aparición o agravamiento de enfermedades respiratorias o asociadas a ellas como las vasculares o los cánceres. En España se calcula que fallecen cada año 16.000 personas de muerte prematura relacionada con la contaminación al aire y según la Comisión europea se producen 370.000 muertes al año por esta causa en la zona europea. Según un estudio de la OMS de 2006 dos millones de personas mueren cada año a causa de la contaminación del aire y la mitad de estas muertes se produce en los países desarrollados a causa de la contaminación originada por industrias y tráfico.

 

 

 

 

El origen del problema se encuentra las emisiones originadas por la industria, las calefacciones y sobre todo el tráfico. Los principales contaminantes son las partículas en suspensión, el ozono troposférico y el dióxido de nitrógeno. “Cuando respiramos, respiramos mucho más que oxígeno, el aire contiene otros elementos que disminuyen la calidad del aire y tiene efectos nocivos en el medioambiente y la salud. Especialmente peligrosas son las partículas en suspensión a veces tan pequeñas que son capaces de penetrar en las vías respiratorias y desencadenar reacciones inflamatorias en los pulmones” afirma la Dra. Cristina Martinez, neumóloga y Coordinadora del Área de Enfermedades Respiratorias y Medio Ambiente de SEPAR.

 

El término “partículas en suspensión” abarca un amplio aspecto de sustanciaos suspendidas en el aire tanto de origen natural como artificial (polvo, hollín, polen, cadmio, sustancias químicas como ácido sulfúrico, petróleo, dioxinas, plaguicida.s…). El tamaño de las partículas sirve para clasificarlas y también para valorar su peligrosidad para la salud. Las PM 10 o partículas torácicas (10 micrones de diámetro) pueden penetrar hasta las vías respiratorias bajas, las PM2,5 o partículas respirables penetran en los pulmones y se depositan en los alvéolos disminuyendo la capacidad pulmonar. Las partículas ultrafinas pueden llegar incluso a la sangre.

 

Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, niños, ancianos, personas con enfermedades respiratorias, especialmente asma y EPOC, y cardiovasculares son los principales grupos de riesgo ante la contaminación. Si en España, el sol y las altas temperaturas del verano aumenta la contaminación por ozono o smog fotoquímico, en invierno la falta de lluvias fuertes y vientos en amplias zonas del territorio español hace aumentar el nivel de partículas contaminantes en suspensión que permanecen más tiempo concentradas. En invierno también aumenta la combustión de materiales fósiles para la calefacción. Tampoco la estructura de las ciudades españolas con edificios altos y calles estrechas faculita la dispersión de partículas.

 

El informe de Ecologistas en Acción de 2008 señala que segundos valores limites establecidos en la Directiva 2008/50/CE, un 35% de la población española (16 millones de personas) respiran aire contaminado. Si se toman en cuenta las recomendaciones de la OMS el porcentaje se incrementa la 84% de la población (38 millones de personas).

 

La solución es reducir los niveles de contaminación atmosférica. “La adopción de medidas dirigidas a reducir la contaminación como la limitación de la velocidad en la ciudad y alrededores o el incentivo del uso del transporte público, se ha demostrado, en las ciudades que lo han estudiado, que va acompañado de un descenso de las exacerbaciones de enfermedades respiratorias y de la disminución del número de hospitalizaciones” afirma la Dra. Martínez.

 

 

Fuente: SEPAR

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