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En mayo de 2005, con ocasión del 12 de mayo, Día Internacional de la Fibromialgia, del Síndrome de Fatiga Crónica y del Síndrome de Sensibilidad Química, se hizo público un manifiesto titulado Hagamos visible lo invisible, que iba dirigido al Ministerio de Sanidad. Han pasado casi tres años y siguen existiendo infinitas carencias en el ámbito de la Fibromialgia y del Síndrome de Fatiga Crónica, a pesar de ser enfermedades reconocidas en el marco del INSS y de haberse dado unos primeros pasos (intentos de tratamiento médico, algunas investigaciones, fuerte presencia asociacional, logro de unos compromisos básicos en Cataluña gracias a la presión de una Iniciativa Legislativa Popular firmada por más de 140.000 ciudadanos, …). Aún queda mucho camino por hacer. Los pacientes de Fibromialgia y Síndrome de Fatiga Crónica (en su mayoría mujeres), siguen siendo tratados en muchas consultas como enfermos psiquiátricos, y en ocasiones, aún hoy, se les acusa de estar fingiendo. (VER EL MANIFIESTO) |
En la investigación, realizada en el Instituto Max Planck, se establece un modelo animal de desarrollo de la patología
Ha probado que la enfermedad se inicia en el intestino y se propaga al cerebro mediante el salto entre neuronas
R. Romar
El párkinson empieza en el intestino. La enfermedad neurodegenerativa, que afecta a entre el 1% y el 3% de la población mayor de 65 años, se produce por la muerte de las neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra del cerebro, pero cómo comienza el proceso y cómo se desarrolla es algo que todavía se desconoce. Ahora, una investigación liderada por el investigador gallego Francisco Pan-Montojo Puga, que está terminando su tesis en un programa internacional de doctorado del Instituto Max Planck y la Universidad Politécnica de Dresde, al que accedió a través de una beca de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, acaba de demostrar en ratones que la afección nerviosa se inicia en el sistema nervioso entérico (intestinal) y, a partir de ahí, se propaga hasta el cerebro. En un trabajo que hoy publica la revista científica Plos One establece por primera vez un modelo animal que reproduce la totalidad de la patología observada en seres humanos y su progresión.
Agentes externos
El párkinson tiene un pequeño componente genético, apenas el 5% de los casos, y el resto de la etiología se cree que se debe a factores ambientales aún desconocidos. Uno de estos agentes externos que potencialmente puede propiciar el mal son los pesticidas, una línea de trabajo desarrollada en los últimos años, pero que todavía no se había demostrado. El trabajo del investigador gallego sí certifica este relación, solo que a diferencia de estudios previos en los que se inyectaba a los ratones el pesticida rotenona en la sangre para que actuase en el sistema nervioso central (médula espinal y cerebro), Pan-Montojo lo que hizo fue suministrar la sustancia con una sonda gástrica en concentraciones tan bajas que no se detectaban ni en el sistema nervioso central ni en la sangre periférica, pero sí en el intestino, donde se producía su demoledor efecto.
Alteración mitocondrial
¿Y qué fue lo que ocurrió? Que la alteración en la función de las mitocondrias producida por la rotenona dio lugar a una modificación en el sistema nervioso del intestino que, a su vez, hizo que la patología se propagara hasta el cerebro. La pregunta, en este caso, es ¿cómo pudo hacerlo si la rotenona es detoxificada por el hígado y no pasa a la sangre? En la respuesta radica una de las innovaciones aportadas por el investigador gallego: los datos sugieren que la transmisión se produjo vía trans-sipnáptica saltando de las neuronas del sistema nervioso intestinal al central. «Los componentes celulares modificados -señala el investigador- podrían transmitirse a través de las conexiones entre las neuronas de los nervios simpáticos y parasimpáticos hasta el sistema nervioso central y progresar dentro de este hasta afectar a las sustancia negra del cerebro, lo que daría lugar a las alteraciones motoras propias del párkinson».
El proceso que sigue sería similar al del tétanos o al de los priones, aunque esta hipótesis todavía tiene que ser demostrada, ya que «el mecanismo para que esto ocurra sigue siendo un misterio». «Qué proteínas -se pregunta- son las que causan esta reacción, no se sabe».
Fuente: La Voz de Galicia
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